12 de julio de 2022
No basta con invertir
Las lluvias recientes han traído algo de alivio frente a la sequía, aunque no lo suficiente como para resolver por completo la escasez hídrica. Esta mejora no debería hacernos perder de vista una lección importante: el agua debe usarse de manera eficiente, ya que su disponibilidad sigue disminuyendo.
Invertir en equipos y tecnología de riego es esencial para lograr mejores cosechas y avanzar hacia la sustentabilidad, aunque las actuales presiones económicas -el alza del dólar y la inflación- hacen que este tipo de inversiones sea más difícil de abordar. La clave está en enfrentarlo de manera estratégica y no impulsiva.
Un buen proyecto de riego contempla varias etapas. En primer lugar, hay que confirmar la disponibilidad de agua. El análisis de calidad mediante pruebas de laboratorio es fundamental, ya que determina qué tipo de equipo es el adecuado para cada situación. El sistema de riego varía considerablemente dependiendo de si el agua proviene de pozos subterráneos o de canales superficiales.
También deben evaluarse las características del suelo y los requerimientos hídricos del cultivo, que varían según la especie y su etapa de desarrollo. Más allá de recopilar los datos, es necesaria una interpretación experta: “no basta con tener los datos. Necesitamos que alguien que de verdad sepa nos ayude a interpretarlas”.
El acceso a energía es otra consideración importante: los proyectos sin conectividad eléctrica requieren soluciones alternativas, como sistemas solares.
Una vez instalados los sistemas, su correcta operación resulta igual de importante. Un mal uso desperdicia la inversión realizada. Por eso, la capacitación de quienes operan los equipos es esencial al invertir en tecnología de riego.
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