20 de septiembre de 2022
La Calidad del Agua: Su relevancia para un riego apropiado
Durante los períodos de sequía, la escasez hídrica trae consigo un problema secundario: la disminución de la calidad del agua. Cuando bajan los volúmenes de agua superficial y subterránea, aumenta la concentración de sales y minerales, que se acumulan en el suelo e impiden que las raíces de las plantas accedan correctamente a los nutrientes.
La mayoría de los cultivos frutícolas y hortícolas muestra una alta sensibilidad a las sales, aunque esto varía según la especie. Cuando los niveles de sal superan los umbrales apropiados, las plantas presentan manchas necróticas o marchitez en las hojas, lo que frena su crecimiento y reduce tanto el volumen como la calidad de la cosecha.
La sequía ha elevado la salinidad del agua de riego en distintas regiones, particularmente en las zonas más afectadas (regiones de Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins). Los suelos afectados pierden permeabilidad, lo que significa que el agua disponible no logra llegar de forma adecuada a las plantas.
Conocer la calidad del agua de riego resulta muy relevante, especialmente en sistemas de riego tecnificado. Este conocimiento permite ahorrar en fertilizantes y reducir los costos de mantención de los equipos, ya que el exceso de sales puede provocar obstrucciones más frecuentes en los sistemas de riego. En el actual contexto de baja disponibilidad hídrica, evaluar la calidad del agua se vuelve esencial.
Los análisis de calidad del agua deberían realizarse siempre que sea posible. Tecnologías de monitoreo, como sensores de humedad y salinidad, ayudan a hacer seguimiento de factores clave: alcalinidad, niveles de pH y concentración de sales, incluyendo calcio, magnesio y metales pesados.
Históricamente este problema era menos grave, porque las lluvias lavaban de forma natural las sales acumuladas en el suelo. Con la disminución de las precipitaciones, se vuelven necesarios riegos de lavado de sales, idealmente coordinados con eventos de lluvia. Las enmiendas que neutralizan concentraciones dañinas de sales como el sodio, así como productos que ayudan a las plantas a tolerar el estrés provocado por la sal, ofrecen soluciones adicionales.
La mala calidad del agua también afecta la fertirrigación, no solo por obstruir los sistemas, sino porque el calcio presente de forma natural puede impedir la correcta absorción de nutrientes. Las tecnologías de filtrado ayudan a minimizar este daño.
La conclusión clave: monitorear la calidad del agua de riego según la capacidad de cada productor e implementar medidas preventivas oportunas frente a daños de mediano y largo plazo.
¿Tienes dudas sobre qué equipo necesitas?
Hablar con Rasa Motores